Testimonios y Esperanza de Vida

Mayte Prida

Desde que recibimos el devastador diagnóstico hasta que logramos la recuperación, el cáncer trae consigo una gama se sentimientos y pensamientos que cambian nuestra manera de vivir y de ver la vida para siempre.

Yo fui diagnosticada con cáncer de seno la primera vez a la edad de 38 años. No creía que era posible padecer esa terrible enfermedad estando tan joven. Yo la asociaba a “abuelitas” ya que el 70% de los casos se manifiesta en mujeres mayores de 65 años de edad.

Al momento de recibir mi diagnóstico pasaba por una situación difícil en mi vida. Estaba recién divorciada, con dos hijos y que dependían totalmente de mí en todos los aspectos, y prácticamente recién mudada a una nueva ciudad a la que nos habíamos ido con la esperanza de empezar una vida nueva. Mi programa de televisión había sido abruptamente cancelado y por consecuencia me había quedado sin seguro médico. Sin seguro médico en una sociedad en donde el enfermarte puede acabar con todos los ahorros de tu vida entera.

Comencé a vivir una situación muy caótica. No nada más me enfrentaba a ese terrible tirano llamado cáncer que cobardemente había estado creciendo dentro de mi cuerpo tratando de robarme la vida, sino que tenía que encontrar una manera de solventar la enfermedad sin terminar despojada hasta de un techo para nosotros.

Los primeros días la incredulidad me invadía. No era posible que yo que lucía tan joven y sana habiendo estado conduciendo programas de fútbol soccer para niños vestida con mis pequeños shorts y ajustadas camisas, me enfrentara a un mal que además de quitarme la vida terminaría con todos mis ahorros y con el futuro económico hasta de mis hijos. Fue una periodo de mi vida realmente duro.

Y a pesar de que la lucha no ha sido fácil mi camino ha estado lleno de bendiciones. Cuando decidí transformar el “por qué” a mí en “para qué a mí” decidí encontrar una solución a mi problema enfrentándolo cara a cara y sabiendo que si era mi momento de partir de este plano de vida, lo haría pero habiendo peleado con dignidad y valentía no solo por mí, sino por mis hijos y por aquellas mujeres menos afortunadas que yo.

Comencé a documentar en escritos y en video mi proceso. Escribí acerca de mis sentimientos, de mis miedos, de mis dudas, de mis dolores, de mis angustias. Lloré un sin fin de veces frente y detrás de las cámaras, y logré dejar un legado de esperanza para otras personas que tuvieran que enfrentarse a lo mismo que yo.

Al paso del tiempo, ese relato se convirtió en mi primer libro titulado “Una Etapa Difícil, como el cáncer transformó mi vida”y de ahí surgieron presentaciones personales y charlas motivacionales que me han abierto una nueva ventana por la cual apreciar la vida.

Después de conocer a cientos de mujeres pasando por lo mismo que yo pero con menos oportunidades, decidí establecer la Fundación que lleva mi nombre, pues me di cuenta que una buena forma de erradicar un problema es enfrentándolo desde su raíces. Lo primero que debíamos  hacer, era desmitificar el cáncer. Eliminar el tabú que crea la palabra. Ponerle una cara de esperanza a la enfermedad y educar a nuestros hombres para aceptarnos y amarnos por el bello ser interior que llevamos dentro y no por el hecho de tener senos o no.

Cuando una mujer es mutilada por tratar de salvar su vida, debe ser amada, respetada y venerada porque valientemente se ha enfrentado a una guerra no buscada.

Empezamos nuestras campañas de educación y concientización contra el cáncer de seno con la esperanza de que algún día haya una cura pero sabiendo que mientras esta llega, la lucha contra la enfermedad es un trabajo de equipo, y quienes lo hemos padecido necesitamos el apoyo de sus integrantes para vencerlo.

Durante este mes de la concientización contra el cáncer de seno, los invito a que se unan a nuestro esfuerzo. Muchos poquitos suman un mucho y si nos damos la mano, creamos lazos de unión y esperanza que nos abrazan en la batalla.

Como dicen mis amigos del grupo Área 305, Con Fe… una nueva esperanza nacerá… Con Fe, lograrás sobrevivir el dolor…

Yo tengo fe y no nada más desde el punto de vista dogmático. Tengo fe en las personas, en los establecimientos, en el apoyo, en la vida misma. Tengo fe de que un día de estos lleguemos a vivir una vida libre de cáncer. Tengo fe en los científicos, pero sobre todo, tengo fe en los seres humanos.

Recuerda que tarde o temprano todos vamos a partir de este mundo. No importa si es por el cáncer, la diabetes, el infarto o un accidente. Lo importante no es cómo nos vamos, sino como vivimos nuestras vidas hasta que nos toca el momento de partir.

Mayte Prida

Para conocer más testimonios de sobrevivientes al cáncer mamario haz click aquí

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